En Mirar, el primer libro que leí de John Berger, dice: “La imagen violenta convierte en una prueba la condición humana. No acusa nadie y nos acusa a todos (Pág. 43)”. El muchacho parece estar en un momento antes de realizar algo. Sólo podemos conocer ese momento y lo demás es especulación: el reciente comentario de Sánchez Bersaín cuando dice que no hubo orden de disparar, un amigo herido en Alto Lima, el sonido de las hélices del helicóptero amarillo, los cartuchos de los gases lacrimógenos chocando en la acera luego de patearlos.
Esa lectura, es cierto, se expande en cada uno de nosotros, desde nuestras experiencias. Así la fotografía, creo, llega a un asidero más real, o más sensato. Sensato porque no se la reduce, no se la simplifica por alguna maniobra de las luchas de poder.
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